lunes, 29 de septiembre de 2008
R. nous attend. Mais pour l'instant...
Echamos de menos incluso antes de empezar a echar de menos. Con presencia, sin presencia, echamos de menos.
Es un continuo suspirar.
No sabemos de dónde viene. Ni por qué. Ni cómo...
¿Será acaso una constante sensación de inconformidad?
No lo sé.
Yo sólo echo de menos.
Pour celui qui a un regard surprenant, couleur verte.
martes, 1 de julio de 2008
Catorce de junio
Es curioso. Cada rincón de Rennes ya no me hablaba como siempre, murmuraba cosas en una lengua que no llegé a comprender en aquel momento. Un pajarito me dijo que eso ocurría porque "tú ya no perteneces a todo esto." Entonces, las torcidas maderas de colores que recubren las casas y la gente en las terrazas de la rue de la soif me apartaron de su lado y me convertí en la desconocida de la cara emborronada.
Me empecé a despedir. De las horteras esculturas doradas del parlamento y sus grandes escaleras que nos acogieron un día de sol y con suculentos sándwiches de salchicha. De la esfera del reloj de la mairie y de los millones de actos a los que les ha dado la hora. De la gente que nunca conocí y que jamás conoceré. De los suelos de piedra que sostuvieron a mis rodillas en mis caídas. De esa suite, envidia de toda chambre y a la que no cogí cariño. De los perros criadores de pulgas y de sus dueños que huelen a calle y a sudores fríos. De un círculo de familiares cercano-lejanos que bebían latas de cerveza barata. De "Station Sainte Anne, accès Centre Historique, Les Lices, Hôtel Dieu, PLace Hoche". Del tapizado de las paredes de su portal, de sus ojoscuriosos, de sus brazosprotectores de sus manoshonestasydesubocapuntoyseguido.
(...)
Pasaron las horas. Tu imagen desapareció y allí estábamos. La gare de Rennes, las vías y yo.
Fin.
miércoles, 7 de mayo de 2008
El ciclo de la vida
Cuando la fecha está fijada, el corazón late nervioso y encogido, igual que cuando llega el primer día de colegio [ con un mandilón y unos zapatos nuevos que lastiman]. La novedad, junto a la soledad ante el peligro ,aplastan con trazas curiosidad el espíritu.
De nuevo, sola ante el peligro, como en los inicios.
Y es que estamos impregnados de un eterno retorno, donde el principio tiene un fin y el fin supone otro principio.
¡Qué mareo!
martes, 29 de abril de 2008
Érase una vez... Peixiño y Ninou en París
“Eres la española más alta de París.” Eso dijo tu voz en el piso 59 de la torre Montparnasse. Allí arriba, il faisait bon: un viento ligero, de ese que no te molesta, Stevan, de ese que trae olores de todos y para todos los gustos; la luz… nos bañaba con suspiros de satisfacción; la temperatura, alrededor de los 17 grados centígrados si mi sentido meteorológico no me engaña. Aquel extenuante sopor, el de las 16.00 h, nos embargaba y nos amenazaba con el tedio. El sopor que anunciaba el finaldenuestroviaje.
Qué altos estábamos. Tan altos que, con girar mínimamente la cabeza, podíamos recorrer 4 km de París. De Notre Dame al Sacré Coeur en 0.1 segundos. Impresionante. Pero si te paras a pensar un poco, Stevan, en la ciudad de la multicultural vida subterránea todo está juste à côté. ¿Te acuerdas? En medio de aquella calle, que perfectamente podía ser de Ourense y que ni siquiera conocías, estábamos juste à côté du barrio judío, el cual al mismo tiempo estaba juste à côté du Centre Pompidou juste à côté duquel nos encontrábamos, etc. Nada importaba si llovía, o si estábamos yendo en dirección contraria, el caso es que estábamos, como ya te digo, juste à côté.
“Qu’est-ce qu’on fait là? On va au ciné ?” Eso preguntó tu voz en el piso 59 de la torre Montparnasse. A decir verdad, pocas ganas me habían quedado de volver desde que me llevaste a aquél tan bonito en el centro de la ciudad de los turistas. Creo que jamás se borrará de mi memoria cómo nos agarrábamos del brazo en cada susto, en cada gota derramada por aquel ejército de… n’importe quoi. Como creo que jamás olvidaré ese miedo infantil que turbaba esa mirada inocente que tú tienes, esa mirada que todos hemos perdido con el tiempo pero que tú has conseguido conservar. Aquella noche, estoy segura de que ambos deseábamos que papá y mamá estuvieran allí para acariciarnos la cara y decirnos, a cada uno en un idioma diferente, “No pasa nada. Era sólo una película, no es de verdad.”
El silencio en el piso 59 de la torre Montparnasse hablaba por sí solo. Los recuerdos gritaban a los cuatro vientos y los gritos se esparcían por casi toda la ciudad. Uno sé que fue a parar al banco en el que nos sentamos delante de la Dama de Hierro. Qué tranquilidad, ¿verdad, Stevan? Los dos allí sentados, denunciando la gratuidad del turismo de hoy en día, de su falta de encanto y su falta de aventuras. Qué pena. ¿No te encantaría que se estableciera en todas las escuelas un método de aprendizaje a través de los viajes? Un mes de inmersión total en una cultura de diferencias abismales a la nuestra. Los futuros soñadores sí que conseguirían ensanchar su espíritu. Serían tan naturales y estarían tan llenos de esperanzas…
Pero si hay algo que realmente nos ha marcado en la ciudad de las mil y una caras, sin duda ha sido el musical de Le Roi Lion. ¿No crees? La ciudad subterránea, la mesa de la cocina de tus primos (Le robinet/l’aspirateur/la chaîne stéréo/la machine à laver marche comment?) e incluso el piso 59 de la torre Montparnasse eran lugares idóneos para alabar la voz de Rafiki, la luz y los disfraces del espectáculo. “Madre mía”, era lo único que alcancé a decir en el teatro más lujoso que mis pies talla 38 hayan pisado nunca. Madre mía…
Sólo un suspiro podría describir, del modo más exacto, esa semana en la que nos hemos vuelto a conocer con París como contexto de situación. Sólo aquellas lágrimas podían contestarte a...
Las carcajadas, los ojos abiertos como platos soperos, los gritos en la montaña rusa, la historia de París se quedaron en el piso 59 de la torre Montparnasse.
¿Ahora entiendes por qué soy la española más alta de París, Stevan?
martes, 19 de febrero de 2008
sábado, 16 de febrero de 2008
(...) o de cómo recuperar la identidad
Pero es que ayer pasó algo inquietante y considero que os va a dejar de piedra (la exageración entendida como recurso estilístico). Algo inesperado. Del tipo de cosas que no te dejan en la caja torácica sino una sensación al más puro estilo quécosasmásrarasocurrenenlavida.
(...)
Con olor a humo de tabaco y un sueño que me tira de los párpados, llego a la residencia con una garganta ronca propia de un anuncio de Juanola. ¿La hora? Poco importa, la verdad, pero digamos que una buena hora para la Península Ibérica, una perversión para el país hexagonal. Por casualidades de la vida, a las cuales les debo 5 arcas de oro, me picó el gusanillo de la curiosidad y encendí el ordenador. ¿Por qué? Tampoco importa, pero el sueño me arrebataba el pensamiento. Nada más abrir el correo veo algo que me impacta: Gwenaelle LeMeur (Oficina de Relaciones Internacionales de Rennes 2). Asunto: Votre sac (Su bolso).
Un sujeto al que denominaremos X deja una mochila rouge en tissu en el edificio presidencial de la facultad. Se va, sin más, y desaparece de la historia.
Con la rapidez del hombre con la adrenalina a todo meter por su organismo escapando del mayor de sus miedos me dirigí hacia la facultad esta mañana a las 10:08.
Mi voz Juanola produce una frase del tipo "Hola, me han mandado un mail diciendo que venga a por un bolso." El interlocutor camina hacia un despacho y, tras un minuto de incertidumbre en el que se pregunta por cosas del tipo "¿Y qué había dentro, y cómo es y patatín patatán?"... ¡Tachán! El objeto de mi sufrimiento de algunos días aparece entre los brazos de una segurata de primer día.
Abrir la mochila desaparecida y ver que estaba TODO todo y todo allí dentro hace que me dé un vuelco el corazón y me pregunte a mí misma... ¿Qué?
martes, 12 de febrero de 2008
Al buen tiempo, magnífica cara
¿Pienso en el futuro? Quizás.
¿Me preocupo? Puede.
Por el momento, se me pone a tiro un presente demoledor al que le voy dando pequeños mordiscos de vida, muy suculentos.
Este optimismo que tanto me sorprende día a día no para de darme la lata.
Lo que hace el buen tiempo.
Lo que hacen algunas personas.
Y caí en el único error que me había propuesto no cometer.